INDUCCIÓN DE LA COOPERACIÓN EN UNA SOCIEDAD EGOÍSTA

Actualizado: 17 de jun de 2019


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La defección es una especie de “traición estratégica” en la que no se busca la ruina del rival, sino de obtener el mejor resultado desde una perspectiva de colaboración. El “Dilema del prisionero” es un juego en el que dos individuos, a quienes llamaremos Paco y Pepe, son detenidos por la policía bajo la sospecha de haber cometido un delito, pero se les encierra en diferentes celdas, por lo que no pueden comunicarse entre ellos. La policía les hace por separado una misma propuesta a cada uno de los dos tal como muestra la matriz:



El juego no tiene matices emocionales y tampoco cuenta la astucia, sino más bien la inteligencia. La matriz anterior es la más básica de las distintas variantes del juego. Fue concebida por el matemático Merrill M. Flood en 1950 cuando trabajaba en la Corporación RAND (laboratorio think tank de las fuerzas armadas de EE.UU). Este mecanismo mental fue el principio del fin de la Guerra Fría entre EEUU y la URSS, y es aplicable a la guerra nuclear, la vida social, la familia, el entorno empresarial y, nos guste o no, en un buen número de casos, en el familiar.

Tal como pueden ver en la matriz, la opción más ventajosa para ambos sería la de la cooperación. ¿Se puede cooperar con organizaciones o personas que se comportasen de forma aleatoria o que buscasen la aniquilación del otro a cualquier precio? La respuesta es que sí se puede, pero alguien tendría que liderar el proceso. En el caso de que ambas partes conozcan el juego, lo más probable es que las dos cooperen, pero si una de las partes se comporta de forma deliberadamente agresiva o estúpida, ambas partes se verían perjudicadas, salvo que uno de los jugadores (el que conoce el mecanismo del juego) se ocupase de liderar el proceso “adiestrando” al oponente mediante sucesivos premios y castigos en función del comportamiento del rival, que es la técnica del “Toma y Daca” (tit or tat en inglés) desarrollado por el también matemático y profesor en ciencias políticas Robert Axelrod.

La cooperación no es el resultado ni de las palabras amables ni de las agresivas, sino de las que suscitan credibilidad. Dentro del marco de la comunicación persuasiva, y con relación a las situaciones de confrontación, Aristóteles señaló estas tres condiciones a la hora de lanzar una amenaza:

1. Amenazar con causar un daño

2. Que se trate de un daño que sea percibido como tal por el receptor de la amenaza

3. Que el otro te vea decidido y capaz de causar ese daño.

Basta con que falte una sola de estas condiciones para que la persona que amenaza pierda toda su credibilidad, así que lo primero que debería hacer sería tener la boca cerrada.

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