Las cuchillas Gillette y las recetas de cocina de la Casa Blanca

Actualizado: 31 de may de 2019


En 1895, un vendedor de la empresa Crown Cork, llamado King, conversaba con su jefe, William Painter, quien se había hecho millonario gracias a su invención de las chapas de refrescos Painter le dijo: "King, tú que siempre siempre estás pensando e inventando cosas, ¿por qué no intentas crear algo como lo que yo he hecho con las chapas de las botellas?" Entonces, King, medio en serio, medio en broma le contestó: "De acuerdo, William. ¿Por qué no me das la fórmula secreta que usaste para lanzar al mercado tu genial invento?" King se quedó tieso como si se hubiese tragado una espada cuando Painter respondió: "Muy bien, muchacho. Te diré mi fórmula secreta".

Y acto seguido, le facilitó las tres condiciones para concebir la idea de un negocio infalible:



1. Tienes que crear un producto que se pueda producir en grandes cantidades.
2. El producto debe ser barato.
3. El producto debe ser desechable.

En aquella época, los hombres se dejaban crecer la barba o bien se la afeitaban con una navaja claáca La idea del nuevo negocio estalló como fuegos artificiales en el cerebro de King: la cuchilla de afeitar desechable era el producto que le haría millonario y que con la ayuda de Painter, aumentaría la fortuna este último.


Bueno, ya te puedes haber imaginado cuál era apellido de King: GUILLETTE.


Es importante tener en cuenta que los padres de Gillette eran inventores; las familias crean hábitos además, su madre, fue la autora del famoso libro de recetas y protocolo "El Libro de Cocina de la Casa Blanca, el cual, por cierto, escribió a medias con Hugo Ziemann, mayordomo del famoso tótem de la política.

Gillette aplicó la fórmula de Painter a su famosa maquinilla. A fin de cambiar los hábitos de los consumidores potenciales (que se dejaban barba, se afeitaban con la peligrosa navaja o iban al barbero) comenzó perdiendo dinero durante tres años, pero lo hizo de forma estratégica. Una vez consolidado el mercado, cuando la demanda de cuchillas se hubo disparado, tuvo lugar la explosión de éxito. La fórmula de Painter es aplicable a multitud de ideas de negocio. De alguna forma, actualmente la asumen Ikea, Inditex, Microsoft, proveedores de antivirus, cantantes, conferenciantes, negocios de consultoría y todas aquellas personas y entidades que comprenden que, por muy bueno que sea el producto que ofrecen al mercado, será el punto de vista del cliente el que decidirá finalmente si sirve o no sirve. Esas personas saben que el cliente, antes de serlo, es su principal colaborador. No nos preguntemos qué es lo que queremos nosotros. Empecemos siempre por plantearnos qué es lo que necesitan los demás, clientes, socios potenciales o colaboradores. Dejemos a nuestros competidores que sean ellos quienes pierdan el tiempo mirándose el ombligo. Por cierto, si te apetece, puedes descargarte el libro de recetas de la madre de Gillette aquí: http://www.gutenberg.org/files/13923/13923-h/13923-h.htm


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